La metamorfosis de Baloncesto León tuvo su confirmación en el norte de África. Allí donde nadie había ganado, el equipo leonés ofreció las mejor versión de la temporada alejando definitivamente los fantasmas.
Durante treinta y cuatro minutos, el altísimo nivel de baloncesto de la escuadra visitante desbordó al Melilla Baloncesto que no pudo superar el entramado defensivo al que fueron sometidos DeVries y Arco, sus estiletes.
Tras la demostración de sacrificio de la pasada jornada, bastó un puñado de minutos para ratificar la mejoría de Baloncesto León. Los primeros parciales (2-11, 4-16) marcaron el guión del partido. Por entonces, Mario se erigía en la pesadilla de DeVries, como ya ocurriera en la ida y redondearía su actuación con clarividencia en ataque. Todo un descubrimiento.
El Melilla introdujo el factor Nacho Romero para abrir la defensa rival. Tres tiros consecutivos del veterano pivot estrecharon las rentas, pero los puntos de Quezada y de Durley pusieron tierra de por medio (13-22) León salió airoso del empuje físico de Odiakossa y Wachsmann que mostraron su falta de talento para hacer efectivos sus rebotes de ataque.
El primer, y único destello de DeVries, abrió el segundo cuarto. La respuesta fue un parcial de 0-9. Romero volvía a ver aro, pero León, tras ver a su rival cerca con un 29-35, pisó el acelerador bordando el baloncesto ofensivo. Un triple de Mario y otro parcial (0-11) llevaron la diferencia al descanso hasta un elocuente 31-48. Por entonces, Julio González, en estado febril, había arrimado el hombro, con tesón y acierto.
Maniatado en el perímetro, McKeither embistió contra Durley al que cargó de faltas, además de llenar de puntos su casillero. Pero León era coral en su actuación (34-52, máxima diferencia). La zona que implantó García de Vitoria le puso a prueba. La rompió con brillantez con Múgica y Fernández en la cancha, que luego sufrieron el poderío de los postes rivales. Una aparición providencial de Rocchia, otro jugador renacido, abortó el primer intentó de reacción local tras un 10-1 de parcial tras dos triples de Suka-Umu.
En el último cuarto, y con el Melilla permanentemente pertrechado en su defensa zonal, la fatiga, la mala lectura del partido y el esperado arreón azul llevarían el duelo a una emoción inesperada. Se anunciaba cuando León entro en el bonus con prontitud. Melilla anotaba con celeridad y vio la posibilidad de voltear el resultado. Llegó a colocarse a sólo tres puntos (73-76) y varias acciones para poder empatar. Una justa falta en ataque de Arco sobre Rocchia y una asistencia del argentino que culminó Mortellaro apagarían el fuego de la grada. Un lanzamiento lateral de Múgica fue la sentencia.
El Javier Imbroda” es un terreno nuevamente conquistado. León lo ha hecho antes que nadie y celebra con rabia la catarxis que le devuelve a la plenitud.
MELILLA BALONCESTO 78: Marco (2), DeVries (11); Arco (13), McKeither (10); Wachsmann (7) –cinco inicial- Suka-Umu (6), Almazán (0), Odiakossa (14); Romero (12); Larraona (0).
BALONCESTO LEÓN 81: Díez (7), Quezada (16); Rocchia (13); Durley (15); Mortellaro (6) –cinco inicial- González (7), Múgica (12), Fernández (7)
PARCIALES: 13-22, 31-48, 52-63, 78-83
ÁRBITROS: Morales y Muóz. Eliminaron a Durley (minuto 38).
INCIDENCIAS: Pabellón “Javier Imbroda”. 1000 espectadores.