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La buena relación existente entre ambas directivas ha facilitado que el derby entre el BM Valladolid y el Reale Ademar no se caliente más allá de lo estrictamente necesario.
De hecho, el sábado habrá comida oficial a instancias del presidente del club vallisoletano, Dionisio Miguel Recio, a la que asistirá Carlos Pollán y algún miembro de su equipo.
Es la confirmación de que desde las elecciones a la presidencia ademarista la relación entre ambas directivas se ha normalizado y de ello dieron buena cuenta los testigos que a principios de temporada, a pesar del terremoto que produjo la exclusión del Ademar de la Liga de Campeones, presenciaron la reunión de Pollán y Recio en el Parador San Marcos.
Ni siquiera el pueril comportamiento de Juan Carlos Pastor va a perturbar la calma chicha que se respira en ambas ciudades. Porque Pastor ya no sorprende a nadie. Es Pastor y punto. Su agrio caracter le acompaña en cada una de sus decisiones. El extraordinario entrenador pucelano ha vuelto a "vetar" a los medios de comunicación de León. Lo ha hecho a su modo. Su método, esta vez, ha sido pedir adelantado las preguntas a formular. Si son de su agrado, hay entrevista; cualquier otra cuestión ajena a los deportivo contaría con su reprobación como antesala del veto.
A Pastor le molestan las preguntas incómodas cuando visita el Palacio Municipal y más si, como ha ocurrido en los últimos tiempos, su equipo sale derrotado. Un encontrazo con un periodista durante la pasada campaña lo ha convertido en una guerra total. Pastor contra todos, como siempre quiso, en primera línea de fuego.
De sus silencios se han contagiado Óscar Perales y Raúl Entrerrios, dos ex-ademaristas que ahora juegan en el bando enemigo.
Mientras, en el Ademar todo funciona bajo la rutina habitual, sin estridencias, sin malos modos, sin malas caras. El derby colocará a cada cual en su sitio.
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