Los otros veintiocho “Leoneses del Año” –veintinueve conmigo– están felizmente entre nosotros y siguen acumulando méritos a los que les fueron ya reconocidos con su nombramiento. |
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En 1974 es José Luis Díaz Fernández que como Director General de la Energía tuvo sobre sus hombros la responsabilidad de afrontar la gran crisis energética que supuso para Espaá la decisión de los países árabes de cuadruplicar el precio del petróleo como represalia por la guerra de Israel. |
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En 1976 es Rodolfo Martín Villa, protagonista destacadísimo de la transición que entonces se iniciaba y que llegó al Ministerio del Interior después de ocupar con prudencia acreditada cargos distinguidísimos, desde todos los cuales dio testimonio de su devoción por León y por el Páramo.
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El de 1978, es Jesús Díez Pérez, Policía Municipal que, herido de bala, fue capaz de detener a tres atracadores, en un ejemplo inolvidable de cumplimiento del deber y de un comportamiento que los leoneses calificaron sin vacilación de heroico. |
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El maestro Odón Alonso Ordás es el de 1979. Heredero del inolvidable maestro Alonso González, ha sido Director de la Orquesta Nacional de España, de la Orquesta Sinfónica de RTVE, y de la Orquesta Sinfónica de Madrid y está conceptuado como uno de los mejores directores del siglo XX.
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Luis del Olmo Marote obtuvo el título de 1980. Se reconoció así su insuperable capacidad de periodista de la radio, el éxito de sus programas y su proclamada fidelidad a la provincia de León, a la Comarca del Bierzo y a su entrañable ciudad de Ponferrada. |
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Manuel Núñez Pérez es el de 1981. Diputado por León en varias legislaturas, había sido Secretario de Estado de Empleo y Relaciones Laborales y fue nombrado Ministro de Sanidad. Pocos leoneses que hayan acudido a él habrán dejado de recibir su atención o de percibir su enorme humanidad. |
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En 1985 se eligió a Miguel Cordero del Campillo, veterinario y maestro de veterinarios, investigador, propulsor de la ganadería leonesa, Decano de su Facultad, Senador constituyente y primer Rector de la Universidad, con toda la autoridad que solo otorga la independencia de criterio.
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En 1988 es Valentín García Yebra, Catedrático de Griego, lingüista eminentísimo, máxima autoridad en el difícil arte de la traducción, humanista admirable y primer leonés que ocupó en el siglo XX un sillón en la Real Academia Española. |
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1989 marca un hito en la historia de la institución porque es elegida Concha Casado Lobato, primera “Leonesa del Año”. Es una investigadora etnográfica y una competentísima dialectóloga, sólo de cuya mano se pueden conocer bien nuestros antecedentes, nuestros trajes, nuestro folklore... |
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En 1990 recae el título en Antonio Viñayo González, Abad de San Isidoro, especialista en la Biblia Visigótica y autor de numerosos estudios sobre León, su historia y muchas de las figuras que han hecho la misma como Santo Martino, San Fructuoso, Lucas de Tuy o Isidoro de Sevilla. |
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El de 1991 es Victoriano Crémer Alonso, “quijote atormentado”, escritor excelente, poeta destacadísimo, creador de la “Espadaña” inolvidable, artífice durante años de lo mejor de nuestra prensa escrita y conciencia crítica de toda una generación. |
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Antonio del Valle Menéndez es el de 1992. Ingeniero de Minas, Presidente de la Hullera Vasco–Leonesa, Ex–Presidente de la Diputación Provincial, Ex–Subsecretario de la Presidencia, Diputado en las Constituyentes y patrocinador de tantas publicaciones enaltecedoras de nuestra historia. |
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En 1993, Amable Liñán Martínez, Ingeniero Aeronáutico, hombre de ciencia que ha investigado y enseñado en Madrid, en California, en Michigan y en París. Sorprende a quien conoce su sencillez saber que es Premio Príncipe de Asturias y número uno del mundo en materia de combustión. |
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En 1994 es Luis García Zurdo, artista de dimensiones múltiples pero, sobre todo, maestro en el dificilísimo arte de la vidriera, cuyos cultivadores le consideran una de las primeras autoridades europeas en la materia y cuyo nombre quedará incorporado para siempre a la historia de nuestra Catedral.
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En 1995 el elegido es Cristóbal Halffter, compositor de vanguardia y Director reclamado por las grandes orquestas del mundo. Un maestro completamente libre, un humanista comprometido que reacciona con su música frente a las situaciones que hieren su extraordinaria sensibilidad. |
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El de 1996 es Carmelo Gómez, un actor impresionante, cada una de cuyas interpretaciones lleva el sello de la excelencia. Cuando fue elegido, ya tenía en su haber el Premio Nacional de Cinematografía, el Premio de la Unión de Actores de España y el Goya al mejor actor. |
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Guillermo Suárez Fernández obtuvo el título en 1997. Catedrático de Veterinaria, Decano de su Facultad en Barcelona y Madrid y miembro de número de la Real Academia de Medicina es un gran promotor del desarrollo del ganado vacuno en la provincia de León. |
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El de 1998 es Nicolás Castellanos Franco que, después de catorce años en el Obispado de Palencia, renunció para dedicar su vida a los marginados de Bolivia. Meses antes había obtenido el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. |
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En 1999 es seleccionado Amancio Prada, cantautor mundialmente admirado que desde sus primeras “Canciones de vida e morte” ha interpretado con sensibilidad acusadísima poemas del romancero, de Rosalía de Castro, de Juan de la Cruz, de Federico García Lorca, o de León Felipe. |
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En el año 2000 se elige a Luis Mateo Díez Rodríguez, de la Real Academia Española, fabulador insigne y narrador expertísimo, cuya admirada creación literaria, acumuladora de premios, está llena de referencias a León, de donde no está lejos Celama. |
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El de 2001 es David Álvarez Díaz, el empresario más importante de España en el sector servicios, aunque empezó en el ámbito docente. Artífice del grupo “Eulen” que aquel año tenía ya cuarenta y ocho mil trabajadores, se ha volcado en diversas iniciativas dedicadas al desarrollo de León. |
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César Dopazo García, de 2002, Ingeniero Aeronáutico por Madrid, Ingeniero Mecánico por la Universidad de Nueva York, Catedrático de Mecánica de Fluidos en Zaragoza, había sido nombrado Director del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas. |
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Samuel Rubio Álvarez obtuvo el título del 2003, porque sin él no puede escribirse la historia de la música en León, de la que es entusiasta promotor. Director del Coro Universitario, Organista de la Catedral y organizador de la Semana Internacional de Órgano “Catedral de León”. |
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Nombrando a José Luis Rodríguez Zapatero, el Jurado recogió la satisfacción de los leoneses de todas las tendencias por el hecho de que alcanzara la Presidencia del Gobierno de España un leonés nacido en Valladolid que fue, sin duda, el más descollante del año 2004. |
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En 2005 se elige a Antonio Colinas Lobato, eminente poeta, novelista, ensayista y traductor, Premio de la Crítica, Premio Nacional de Poesía y Premio Nacional de Literatura, en todos cuyos trabajos late la presencia de nuestra tierra. |
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El de 2006 es Cándido Alonso Hidalgo, que dedica todas sus horas libres, desde hace muchos años, a la exaltación de los hombres y de las tierras leonesas desde la Casa de León en Madrid, verdadero templo del culto a lo leonés que desde allí se divulga, se potencia y se enaltece. |
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En el año 2007, la elegida fue Sor Obdulina Fernández Díez que después de estudiar enfermería en Pamplona ingresó en la Orden de las Hijas de San José y desde 1974 trabaja como misionera y enfermera en Coatepeque, en Guatemala, desviviéndose por mejorar la vida de los indígenas. |
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Por fin, el del año 2008 es José Luis Prada Méndez, que ha creado riqueza y puestos de trabajo en el Bierzo, poniendo en valor sus exquisitos vinos y conservas, que ha difundido los productos leoneses fuera de la provincia y que ha servido a sus conciudadanos como Alcalde de Cacabelos. |
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El “Leonés del año 2008” no será (D.m.) el último. Mientras Olga Beberide y Enrique García Astigarraga, con su eficaz grupo de colaboradores, conserven la tenacidad y el entusiasmo que han acreditado desde 1971, este título, tan generosamente creado y mantenido por Radio León, se mantendrá por años, aumentando la nómina de leoneses destacados y amantes de su tierra.
No puedo ser yo quien juzgue el acierto del primer jurado, pero sí me siento legitimado para decir que, a partir de mí, los restantes treinta y ocho “Leoneses del año” son personalidades de verdadero relieve, seleccionados sin influencia de nadie y tratando sólo de ofrecer a León un conjunto de hombres y mujeres –escasas éstas todavía– que representan lo mejor de la provincia. No están todos los que son, pero me parece indiscutible que son todos los que están. |