En el año 1971, “Radio León E.A.J.63” decidió instituir el título de “Leonés del Año” para reconocer los méritos de alguna persona, nacida o residente durante más de diez años en León, que hubiera destacado en cualquier actividad profesional, social, política, artística, literaria, religiosa, etc. Un jurado del que formaron parte distintas personalidades –entre ellas D. Ramón Beberide, representante de la propia emisora, y D. Antonio Quintana Peña, Delegado Provincial de Información y Turismo– tuvo a bien fijarse en un Procurador en Cortes que no se había presentado a la reelección, pero que en la legislatura por entonces recién terminada había ganado la primera votación que perdía el Gobierno desde que se inauguró la institución en 1943, que había mantenido actitudes entonces consideradas “aperturistas” y que había conseguido vincular el nombre de León a momentos de especial tensión dialéctica en una Cámara que hasta 1967 se había distinguido por su congénita propensión a las unanimidades.
Si el nombramiento me enorgulleció entonces, mucho más me enorgullece testificar ahora que, desde aquella fecha ya lejana, la emisora ha conseguido mantener un título que es ya una institución de la provincia y el Jurado –al que se incorporan los distinguidos cada año y en el que sucesivamente han actuado como secretarios D. Magín Revillo y Dª Olga Beberide– ha elaborado una lista en la que cuantos me siguen son leoneses preclaros, personalidades descollantes que honran a León y de los que León tiene razones para sentirse orgulloso.
Nueve “Leoneses del año” han fallecido ya:
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El de 1972, Florentino Agustín Díez González, Pastor Mayor de los Montes de Luna, del Cuerpo de Secretarios de Administración Local de primera categoría, que tanto supo y tanto nos enseñó de Laciana, de la tierra de Ordás, de la Omaña o de Luna y de sus tradiciones y leyendas. |
El de 1973, Ángel González Álvarez, Catedrático de Metafísica de la Universidad de Madrid y Director General de Enseñanza Media, cargo desde el que sembró en la provincia –como en toda España– un elevado número de institutos que cambiaron radicalmente nuestra estructura educativa. |
El de 1975, Emilio Hurtado Llamas, leonés total, médico humanitario y humanista y motor fundamental de las numerosas obras sociales con que enriqueció la ciudad y la provincia aquella benemérita institución que fue la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León. |
El de 1977, Luis Alonso Luengo, Magistrado ejemplar que supo hacer compatible su dedicación a la justicia social con sus investigaciones sobre la historia leonesa y con su acreditado amor a la ciudad de Astorga que quien visitó con él difícilmente olvidará la ocasión. |
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El de 1982, Ricardo Gullón Fernández, astorgano también, Fiscal de carrera que se fue en 1953 a enseñar Derecho al Puerto Rico de sus antepasados y que, siguiendo sus juveniles aficiones de escritor, regresó convertido en un respetadísimo crítico literario, con reconocimiento internacional. |
El de 1983, Benigno Rodríguez Rodríguez es de los poquísimos que no habiendo nacido en la provincia –era asturiano– ganó el afecto y la estimación de los leoneses por su larga dedicación a promover la agricultura y la ganadería de todos los rincones de León |
El de 1986, Ángel Barja Iglesias, también leonés adoptivo –era gallego–, compositor de relieve y, sobre todo, Director de la Capilla Clásica de León, que alcanzó con él los más altos niveles. Desdichadamente, falleció pocos días después de ser elegido, sin llegar a recibir el título. |
El de 1987, Gonzalo Rodríguez Martín–Granizo, el leonés de nacimiento y de ejercicio que había alcanzado la mayor graduación en los Ejércitos, como Almirante Jefe de la Flota de España, después de una admirable hoja de servicios a la Patria. |
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Y bien recientemente, hasta el punto de que no puedo escribir estas líneas sin emocionarme, Antonio Pereira González, Leonés del Año 1984, que era uno de los más relevantes escritores contemporáneos y que alcanzó la cima como maestro del relato breve, del cuento admirable. Toda España sabe que nació en Villafranca del Bierzo y que era insuperable mezclando el humor y la ternura. |
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